lunes, 27 de agosto de 2012

Café

Abrir un ojo, mirar la hora… es temprano pero el sol asoma entre las cortinas. Son pocos los días que apetece levantarse a las ocho de la mañana. Sacar los dos pies de la cama y ponerlos sobre el suelo, refrescante. Abrir los ojos frotándotelos antes con esmero. Asomarte a la ventana y dar un trago de aire, sonreír con fuerza y olvidar todo lo que ha pasado en los últimos días.

Luego, con un poco de pereza tirarte en la cama y reír por el rebote que ha dado tu cuerpo. Revolver la cabeza en el cojín y seguir riendo por todo lo bueno que vendrá. Ir al baño, echar agua fría en tus ojos y luego mirar al espejo. Pensar que hoy estás guapa, que ya no tienes ojeras y que los ojos brillan. Decirte a ti misma con cara seria y muy concentrada en que todo lo que realmente quieres lo tienes ahí y lo que te falta ya llegará. Sentirte traviesa, poner la música a todo volumen sin pensar en que a los vecinos quizás les gustaría dormir un poco más. Que les den… Estoy feliz.

Valerie

Bailar mientras preparas café. Muy cargado, de esos que dejan la casa con olor a Buenos días. Y luego las tostadas y la mermelada. Prefiero la de fresa, pero como no hay, la de melocotón también me sirve. Hoy todo está bien, no hay lugar para caprichos. Bueno solo uno pequeño… Coger ese libro que te has leído miles de veces de la estantería y releer ese pasaje que tanto te gusta mientras te metes un gran trozo de tostada en la boca. Me encanta…

Abrir todas las ventanas de la casa y quedarte en el pasillo para que la corriente te haga sentir todavía mejor. Cantar a pleno pulmón la canción que suena en el reproductor.

She’s so lovely

A eso se le llama empezar el día con buen pie. Y no importa lo que venga a continuación, por lo menos ya has disfrutado, aunque sea por un momento.

Pensar que estás loca, probablemente lo estés… muy probablemente. Pero te gusta y eso es lo importante. Seguir bailando…

jueves, 9 de agosto de 2012

Whistle

Quiero correr sobre hierba fresca, bajo la lluvia. Correr durante horas y revolcarme entre flores de colores. Quiero respirar el arcoíris, cada uno de sus colores en el orden exacto hasta extasiarme.

Dicen que es malo perder el control. ¿Quién lo dice? Yo lo decía… ahora ya no importa, quiero perderlo. Quiero actuar y no saber lo que hago, que el pensamiento salga en forma de humo por entre mi pelo… que toda la sensatez que me queda se evapore al sol.

El futuro siempre está ahí, detrás de un cristal borroso, amenazando. Ya no me importa, quiero llenar ese cristal con miles de posters de diversión, pasión, de hagoloquemedalaganayqueledenalmundoentero.

Si me giro hacia atrás veo un túnel lleno de recuerdos, errores, trozos de cristales rotos, sonrisas, besos, abrazos, conversaciones que siempre quedarán en lo más profundo. Quiero cerrar ese túnel también. Convertirlo en una simple parte de esa caja azul donde guardo cada pedacito de mi pasado.

Ahora cojo un papel en blanco, un boli de tinta verdeazulada y escribo desde el principio. Una nueva historia, esta vez la mía. Yo decido, yo dibujo, yo borro… Y no voy a cometer errores, porque no tengo miedo a cometerlos.

Aquí y ahora es lo que quiero. Sí, definitivamente es lo que quiero.

martes, 1 de mayo de 2012

El libro olvidado

En el banco del parque había un libro olvidado.

Blanca, en su rutina nocturna de paseos improvisados, encontró aquel banco con el libro arrinconado sobre la roída madera. Curiosa se sentó a su lado y lo observó desconfiando de su desaliñado aspecto. Sin poder resistirse alargó su brazo y acarició la cubierta violeta. Sintió, por el calor que desprendía, que era un buen libro. Lo colocó en su regazo y abrió la solapa, encontrándose con una dedicatoria incomprensible y una firma nerviosa.

lunes, 21 de noviembre de 2011

La peca

Una peca.
Pequeña, redonda, con una diminuta protuberancia hacia la izquierda. Una peca graciosa. De color café; no, más bien capuchino.
Ese pequeño punto en el pómulo de su mejilla me deja sin armas. Nunca puedo resistirme, es enseñarme la peca y caigo rendida al instante. Y si él sonríe ella se alza unos milímetros y gana terreno en su rostro. ¡Se ve tan ufana ahí arriba!
Creo que estoy enamorada: de la peca, no de la persona que la tiene pegada. Ella no habla y eso me gusta. Él sí utiliza palabras y a veces duelen, se aposentan en mi cabeza y entumecen mis sentidos. Odio las palabras.
Lo odio a él. Pero amo a la peca.
No voy a ser capaz de seguir manteniendo esta insólita relación, debería empezar a frecuentar otros lunares…

martes, 18 de octubre de 2011

Kids

La foto arrinconada entre las páginas de un viejo álbum me hace recordar. Recordar momentos inocentes, repletos de ilusiones. La melancolía no siempre es una enemiga, a veces incluso consigue hacerme sonreír.

¿No es bonito ver tu carita de niña plasmada en una imagen? Las fotos no perecen tan rápido como lo hacemos nosotros, las sonrisas que en ellas vemos no se esfuman como el polvo. Cuando veo esos ojos brillantes siento todavía los atisbos de esos deseos de niña que un día tuve.

Quién fuera aquel inocente renacuajo que creía en los Reyes Magos y pensaba que ser Superman era un trabajo más que digno. Esos días en los que nunca te cansabas de correr ya no volverán. Antes el problema más grande era tener que comer una cucharada de sopa por cada miembro de tu familia o encontrar ese dibujo en el fondo del plato nuevo.

Es imposible volver, pero es necesario recordar.